Soledad Felloza - Actriz - Cuentacuentos


Nos vamos de rapa

Este fin de semana, andaremos por Sabucedo, Concello da Estrada, para intentar fotografiar esta maravilla. Hombres y mujeres bajando de los montes caballos salvajes para cortarles las crines, y prepararlos para enfrentar el verano ya el nuevo año.
Un viaje al pasado por los montes de Algorta, en Guichón, con mi tio Pocho y mis primos, en la yerra. Ya os contaré. Buen fin de semana.

Al fin libre!!!

Ingrid vuelve a sonreir

Hace unos meses con mi amiga Brigitte, mantuvimos unos días de chateo intermitente, una casi transmisión en directo de las tareas que alguien muy cercano a ella, estaba realizando de manera secreta y con una ilusión inmensa, para que el sueño de libertad de una mujer emblemática de Colombia, se hiciera realidad.
Cada avión que salía de Guyana hacia la selva, era un vuelo a la ilusión, que se truncaba, con cada regreso infructuoso.
Se mezclaba la incertidumbre con el miedo, casi certeza, de que el estado de salud de la rehén, fuera mas serio de lo que se reconocía.
Hoy he amanecido con las imágenes esperadas desde hace seis años por Colombia, por Francia y por los familiares y amigos de Ingrid Betancourt. Libre, por fin libre! Las imágenes hablan solas. La emoción me embarga


El reencuentro con su madre y su marido

Fotos.France Press

Los Narradores del Caraguatá

Hace un par de años, Manuel conoció en Santiago una arqueóloga uruguaya, que estaba por Galicia, estudiando y planificando como buscar por el paisito, rastros indígenas que seguramente habían sido ignorados durante mucho tiempo.
Hoy me llega este enlace a un vídeo que cambiará la manera de contar y escribir la historia de Uruguay y de nuestros charrúas.
Aquello de que nuestros indios, eran poco mas que animalillos, nómades, que no enterraban a sus muertos, que hacía muy poco tiempo que campeaban las tierras orientales, taciturnos, sin comunicación, etc, etc, puede cambiar. Los Cerritos de Caraguatá, en Tacuarembó, estan hablando y están datando la historia del país muchos, cientos de años mas atras de lo que se creía.
Camila Gianotti coordina esta realización y esta investigación que es una línea que conecta el pasado con el presente.

Una nueva historia de charrúas que se puede ver pinchando en la fotografía.
Una historia que quiero dedicar a una Charruita en Los Angeles, que hoy celebra otro año lejos del paisito.

No apto para cardíacos

Ni para quienes se marean a mas de dos metros de altura. Impresionante!!
El Camino de el Rey está en El Chorro, en Ardales, Málaga. Fue construido a comienzos del siglo pasado para los obreros que construían los túneles para el ferrocarril.

Vía Ramamar desde Brigthcove

Merengue, merenguito

Otro de los dulces que la infancia de mi país regalaba a los niños, era la torta de cumpleaños.
Y no solo la tarta en si, sino el festín que se desarrollaba alrededor de todos los “restos” de los ingredientes necesarios.
¡Porque la tarta, se hacía en casa!
Recuerdo con particular deleite y cierto rencor, las tortas de mi abuela. Deleite porque era muy buena cocinera y mejor pastelera y rencor, porque había que compartir con mis primos, los recortes de masa, las cucharadas de almíbar, los huevos con azúcar, el dulce de leche, la compota de durazno y el glorioso merengue!
En la familia había dos tartas de cumpleaños, las de invierno y las de verano.
Las de invierno rebozaban de chocolate y de nuez. Las había de varias maneras, selva negra, sacher, marmolada… Todas ellas acompañadas de un chocolate a la taza a la que mi abuelo agregaba un huevo batido al final, un churrete de crema agria o un chorrito de grappa para los mayores.
Y luego estaban las de verano, donde el ingenio popular debía inventar ricas tortas que no necesitaran de nevera, ya que por aquel entonces la luz eléctrica no había llegado a todo el campo de Uruguay y la nevera a queroseno, se reservaba para la casa del patrón.

Mi abuela comenzaba temprano, en la mañana del homenajeado, eso si no había dejado listo de la noche anterior, a preparar el bizcochuelo. Tenía reservados, los huevos de ciertas gallinas, para que el dorado se instalara en la masa, como un sol.
Una lluvia de azúcar caía dentro de un gran cuenco “enlozado”, única compra permitida a unos gitanos, ya que era “de lo mas bonito con esa flor en el medio”.
Luego dos tenedores de los mas grandes, hacían las veces de batidor.
Hipnotizaba el movimiento del brazo y las volutas doradas de masa que se dibujaban cada cierta frecuencia de tiempo, para incorporar aire a la mezcla.
Cuando los huevos “aclaraban” con el azúcar, se agregaba una lluvia fina de harina, con un tamizador enorme. Luego, poco a poco la leche que traía la sombra de la gordura, porque estaba ordeñada desde la madrugada.
Yo rodeaba la mesa con impaciencia, anhelando tener la fuerza para sacudir el cernidor, pero me tenía que conformar con arrodillarme sobre una silla que apoyaba el respaldo en la mesa y dibujar con el dedo sobre la nube de harina que alli quedaba.
La cocina a leña ya estaba templada y entonces mi abuela, rallaba limón, de los que yo había arrancado y enmantecaba el molde.
Una lata de dulce de batata de tres kilos reciclada, daba una tortera inmensa, redonda y capaz de albergar un bizcochuelo, esponjoso y alto.
Cuando estaba listo, se dejaba enfriar y mientras íbamos al baúl que estaba al lado de la cama “grande” a sacar los manteles, el aroma a limón y huevo impregnaba el patio.
Comenzaba entonces la mejor parte. El relleno y el baño.
El bizcochuelo se cortaba en varias capas, que se rellenaban de dulce de leche, cada capa se humedecía con el almíbar que se creaba al hervir melocotones de la huerta con azúcar . Y esos mismos melocotones se cortaban en rodajas. Cuando la torre de tarta quedaba inmensa ( a mis ojos) aun crecía mas, porque llegaba el cuenco con el merengue. No cualquier merengue, el italiano. El capaz de resistir el calor de manera imperturbable. El que mantenía firmes las piruetas que la mano de mi abuela dibujaba sobre la tarta. El que se hacía cumpliendo una regla sagrada, por cada clara 30 gr de azúcar y una cucharada. Cada cinco claras, 50 ml de agua. En una cacerola se hacía un almíbar a punto bola floja y las claras se batían a nieve con las cinco cucharadas.
Desde entonces me atrae esa gota de almíbar que queda durmiendo entre los dientes del tenedor y que era el primer regalo de la abuela. Luego estaban los tenedores del batido,segundo regalo. El hilo plateado del almibar brillaba en medio del mar de espuma de las claras y llegaba el tercer regalo, la olla del caramelo.
Cuando el merengue estaba en su punto, en el momento equilibrista de inclinar el cuenco y no caer nada, llegaba el trabajo mágico de la manga de decorar.
Golpes secos que dejaban una lágrima, sobre la superficie, churretes alargados para el borde y caracoleados para el lateral. Cada huequecito se rellenaba de mas lágrimas de merengue.
Un mar de azúcar cubría la superficie dorada y transformaba la tarta en una torre nevada.
Todos mirábamos ansiosos, anhelando que el merengue cubriera cada rincón, pero que sobrara, que quedara en la manga de lienzo un resquicio, un trazo que nos endulzara la tarde.
Y por milagro, o buen cálculo de la abuela, quedaba merengue suficiente para blanquear lenguas y bigotes. Los dedos recibían el decorado de la manga, que te dejaba soles en la palma, lunas, alguna flor, puntitos, mariposas que se disolvían a lenguetazo limpio.
Luego la siesta, y el baño, y los zapatos nuevos, y el vestido y los primos jugando a la farolera y al escondite y la pizza, el fainá, las empanadas, los “sanguches” de mortadela, el jugolín y la mirinda para el momento estelar, para “elqueloscumplasfeliz”.
Ya oscurecido, correr a cazar bichitos de luz, meterlos en un frasco y dormir con una linterna mágica de luciérnagas y de luna de merengue.

El verano ha llegado y celebraremos hoy los cumpleaños de los niños de Teixeiro. Buscando una tarta que sobreviva fuera de la nevera, recordé la de mi casa. Seguí paso a paso el ritual del almíbar, las claras, el azúcar y aqui el resultado.


Esperemos que sobreviva los 60 km, el calor, los controles y que cuando llegue a los niños, esté tan bella como las que yo tuve. Y quiera la vida que en próximos años, no tengan que estar apagando sus velas en un sitio tan triste, a donde han ido a parar por errores de sus madres y que puedan coger bichos de luz y correr por el campo y jugar con los primos y sentir que les pican las piernas de tanto bicho colorado. Esos bichos que solo te pican cuando corres libre por el campo.

Excursión en blanco y negro

Aunque no lo parezca es la verde Ribeira Sacra

Las piedras construyen curiosas formas, como la Cabeza del Moro

Noche de San Juan


Para conjurar los malos espíritus y limpiar el alma y el cuerpo, anoche había que saltar fogatas (cacharelas por estos lares)
Aprovisionados de sardinas y vino del país, allá que nos fuimos a recorrer las mas concurridas de Santiago y alguna que apareció este año. Hay que pertrecharse, atarse el pelo (por las chispas) llevar calzado cerrado y con posibilidades de pérdida, pantalones poco anchos y buenos riñones para amortiguar las caídas.
Vale todo para arder, vigas, maderas, cajones, pallets, aunque en alguna vimos un divorciado que quemó la cama, chicas quemando exámenes, alguien una carta y casi todos arrojando las espinas de las sardinas y un chorrito de vino para bendecir las llamas.

Al principio las llamas amedrentan, pero poco a poco se organiza la fila para saltar.
La tradición dice que hay que saltar tres veces y en lo posible descalzos.

Hay quien salta en pareja

En familia

Con amigos

Hay que vigilar y volver a su sitio las brasas que escapan ya que suelen provocar unos resbalones tremendos.

Hay fogatas pequeñas para los niños, que aprovechan algunos adultos y hay fogatas enormes. Se canta, se baila, se piden deseos.


Reciclaje de bañeras en braseros, todo vale para disfrutar de sardinas.

En la Algalia, ya de madrugada, nos lavamos la cara en el hechizo que había sido preparado esa noche.
En un caldero grande,se pone agua de siete fuentes y se colocan las hierbas que segun las creencias nos protejeran de envidias, males de ojo, nos darán buena piel y salud.
Yo no se si será verdad, pero por si acaso, me lavé bien, amén de que ya llevaba una buena dosis de tizne en la cara.
Mientras regresaba, aun flotaban chispas pequeñas en varias calles.
Las del fuego y seguramente las de los nuevos deseos.

Enfermería en la terraza


Pasionaria.Passiflora. Maracuyá.

Por estas fechas otros años, ya tengo publicadas, muchas fotos de las flores de mi terraza.
Este vez sin embargo, las cosas están siendo muy distintas y bastante decepcionantes.
Mi amiga María, me cuenta que en la finca, donde para sacarme el gusanillo de la huerta tengo algunas lechugas (que Manuel adora para hacer sus ensaladas nocturnas) tirabeques, tomates, pimientos y ella sus patatas, cebollas, berenjenas, maíz, pepinos, calabacines, y todo lo que brote,este año viene siendo de pelea.
Ha llovido tanto, que las patatas se han echado a perder, las berenjenas se van en vicio y los caracoles se ponen las botas a mordisquear.
Otro tanto me ha pasado en la terraza, donde las lesmas (babosas) se han trajinado mis bulbos de dalias, las flores del rododendro, las hojas del hibisco, hasta la invencible adelfa está siendo atacada!!!
El jazmín del país está resucitando y la pasionaria, me ha regalado solo tres flores hasta ahora.
Los malvones y geranios están peleando, pero la mañana se ha vestido de fiesta al ver que por primera vez y pese a todos los contratiempos de este año, la hortensia se ha dignado a regalarnos sus flores.


Hortensia

Por dos años vi las ramas, llenarse de pimpollos que morían a los pocos días, llenándome de frustración. Les puse hierro, le subí la acidez de la tierra, las podé con cariño.
Hasta que a finales de verano pasado, viendo como las fucsias derramaban flores, me puse firme y les dije:-Señoritas hortensias, o se ponen a los suyo que es florecer o el próximo verano las llevo para Andalucía!.
Ellas que se ve que son buenas gallegas, no en vano dicen que por aquí es por donde mejor viven, este año se han puesto las pilas y las pruebas a la vista.
Se ve que un poco de mano firme con las plantas no viene mal.
Así que ahora luego de dejarles un paseo por las pocas flores que tengo, me voy a la terraza y les voy a dar a las babosas un sermón, que se van a enterar!!


Geranio-Fucsia-Mayos (con caminito de babosas) Geranio terco

La mariposa


Quisiera
hacer un verso que tuviera
toda la fragancia de la Primavera
y que cual una mariposa rara
revolara
sobre tu vida, sobre tu cuerpo, sobre tu cara.

Quisiera
hacer un verso que tuviera
ritmo de Primavera;
que fuera
como una fina mariposa rara,
como una mariposa que volara
sobre tu vida, y cándida y ligera
revolara
sobre tu cuerpo cálido de cálida palmera
y al fin su vuelo absurdo reposara
–tal como en una roca azul de la pradera–
sobre la linda rosa de tu cara…

Quisiera
hacer un verso que tuviera
toda la fragancia de la Primavera
y que cual una mariposa rara
revolara
sobre tu vida, sobre tu cuerpo, sobre tu cara.

Nicolas Guillén

Fotos: Jardin de Santo Estevo de Ribas de Miño

El Baño del Papa

Hace unos días, andaba por la carretera, camino a una función y escuche por Radio 3, un acento conocido. Era uruguayo.
Hablaba de algo, contaba algo que era increíble, y a la vez solo posible en un país donde la esperanza y las ganas de salir adelante son el motor del ingenio popular.
Hablaba de historias pequeñas que ocultaban grandes tragedias.
Contaba de los sueños truncados de un puñado de habitantes de Melo, una ciudad de la frontera de Uruguay con Brasil, que de repente, alla por el 88, creyeron que por fin la vida les podía sonreir.
Lo increíble es que yo vivía alli en ese entonces y viví una experiencia completamente diferente que hoy no viene a cuento, y que aun mas evidencia las distancias enormes, abismales, en un país tan pequeño.
Todas esas historias, se cuentan en esta película de extraño nombre, al principio.
Cuando se anuncia que el Papa iría a Melo, todos sus habitantes comienzan a pensar como aprovechar, como sacar partido de alguna manera de una presencia que generaba tantas pasiones y que segun la prensa traería desde Brasil y de Uruguay todo, mas de 55.000 visitantes.
El que mas ,el que menos, empeñó, vendió, pidió prestado para poner un puesto de comida, de refrescos, de agua, de medallitas, de banderitas.
Una señora aun hoy está pagando las miles de fetas de fiambre que compró para hacer refuerzos (bocadillos)
César Charlone, director junto a Enrique Fernández, cuenta, mientras yo hago km, como la ilusión corrió como reguero por un poblado de “vagayeros”, de “quileros”, de contrabandistas de poca monta, que a lomos de destartaladas bicicletas atraviesan la frontera para abastecerse y revender unos kilos de azúcar, de café, de yerba mate y que corren como locos para que la aduana móvil no les pille.
Charlone, que es también el encargado de la fotografía, rubro en el que ya estuvo nominado por “Ciudad de dios”, habla de miradas que hoy estan apagadas al recordar ese año fatídico.
Beto, es casi el responsable del título de la película, mientras todos se afanan en calcular cuantos chorizos o bizcochos o tortas fritas van a preparar, el decide que su negocio estará en hacerse cargo de todo lo que la gente luego de semejante comilona, querrá evacuar. Decide construir un baño. Tantas miles de personas,necesitaran un sitio cerrado para gozar de cierta intimidad y calma y sus necesidades primarias quedarían satisfechas a cambio de unas monedas.
Enloquece a su mujer, decepciona a su hija que quiere ser periodista, vende su único bien, la bicicleta que le ayuda cada día a cruzar la frontera y desespera como todos, cuando el Papa en vez de traerles música celestial, les deja una marcha fúnebre.

Ésta tragicomedia viene cosechando premios y laureles en cuanto festival se presenta. Solo espero que alguna sala de las no comerciales, de las que arriesgan por un buen cine, me permita disfrutar de ella.
Mientras he aqui un adelanto.